8. Despertando con los Guacamayos!

Aquella mañana era lluviosa, saldriamos de la reserva, tomariamos un bote-taxi a motor, que nos llevaria a otro sector de la selva del Madre de Dios.

Comenzamos a caminar hacia la entrada del parque muy temprano, como de madrugada, a penas se veían los primeros destellos de sol reflejados en el lago Sandoval, en eso nos desviamos un poco y luego de caminar un poco entre los frondosos y verdes arboles miramos hacia arriba y ahí estaban, en la copa de los arboles “tomando desayuno” unos gigantescos pájaros de colores acompañándonos, eran tan salvajes como la selva, llenaban de color el verde paisaje, eran de un rojo vibrante, otros celestes, amarillo y verde plumaje, estos pájaros eran el emblema de la provincia, se movían en bandada, bebían los cocos y savia dulce de los bosques amazónicos.

1506014_10202676938978336_5355614662143405230_n

Después de esta linda experiencia seguimos caminando para tomar el taxi-bote… este nos llevo hacia el este por el río Madre de Dios, hasta encontrarnos en un parque privado dedicado a la observación de aves desde las alturas y ademas contaban con tirolesas y enormes puentes colgantes que cruzaban a cada árbol a unos 15 o 20 metros de altura. Así terminarían nuestros últimos días en la selva.

10350524_10202676939498349_1618533439973638874_n

En este refugio tenían una peculiar mascota, un monito araña “domesticado”, Maruja se llamaba y había sido abandonada por la manada desde muy pequeña y en busca de alimento había llegado hasta este lugar, ella era el centro de atención, sin dejar de ser salvaje se mezclaba y había aprendido a convivir con humanos, gatos y pájaros del sector. Gustaba de subirse en brazos de las personas. Se me subía mientras dormía en una de las hamacas, me robo unas frutas y me invitaba a jugar, lo que provoco una hermosa experiencia que jamas olvidare.

Al día siguiente por la mañana volvimos a Puerto Maldonado, donde disfrutamos el día en el mercado central de todas las delicias tropicales de la ciudad. Por la noche emprendimos el retorno en dirección a Arequipa. No recuerdo cuanto nos demoramos en este trayecto, pero fue toda una travesía, logramos llegar ´por la tarde del día siguiente a la ciudad blanca.

Lo lindo de volver a Arequipa fue encontrar en pleno centro un restaurante de la India!, atendido por gente de este país, fue sin duda muy particular.

Al día siguiente tomamos rumbo a Tacna, cruzamos en taxi a Arica, donde disfrutamos un ultimo día, un bello día de playa. Nos quedamos en un hostel, Arica Surf House, donde ofrecían cómodos dormitorios y clases de surf a muy buen precio, nos daban el desayuno y fue un espectacular día de verano en la playa en la ciudad de la Eterna Primavera.

Aquí termina esta aventura. El Perú es un país maravilloso y rico en cultura, es muy variado, lleno de misticismo y amor por la tierra, sin dudas un día volveré.